lunes, 12 de julio de 2010

Tirso, el romano


En el avance de la civilización romana por estos parajes del norte peninsular pesó especialmente el interés por beneficiarse de la riqueza mineral, en especial el oro de Las Médulas y occidente asturiano, si bien a continuación llegó la explotación del campo y la organización de ciudades. En ese proceso de encuentro-choque entre ambos mundos, astures-romanos, se produjo un intercambio cultural que hoy determina nuestro presente.

Así, soslayando fechas y batallas, nos queda el testigo de numerosas inscripciones en estelas, villas, miliarios, monedas... frente a la sencilla iconografía astur.

Un humilde recordatorio se encuentra en la plaza de la catedral, en pleno centro del antiguo Ovetus. Una hornacina, en el muro de la iglesia de San Tirso de traza prerrománica, acoge una estatuilla de un militar romano, de nombre Tirso y mártir allá por el siglo II para más detalle. Poco sabemos de ella, y sin embargo contempla discretamente el paso de turistas y la mole de la catedral, en uno de los lugares que más restos y trazas romanas conserva la ciudad.

Ahora yo te invito a que observes tu al mudo testigo romano.